Comprensión del usuario y mentalidad de cambio

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En las áreas de innovación o en el ecosistema emprendedor, la gran mayoría de personas y / o equipos de trabajo que se ponen en la tarea de crear un nuevo producto o servicio, suelen abordar el reto que quieren resolver, proponiendo una solución concreta pasando de una manera bastante superficial por la comprensión del problema o el entendimiento de los usuarios de las ideas que estos innovadores proponen.

Un escaso entendimiento de un problema o necesidad que los usuarios tienen y el mismo escaso entendimiento de los usuarios, sus gustos, comportamientos y motivaciones son la receta para crear productos o servicios destinados a fallar en su propósito.

Identificar y entender al cliente aporta una clara visión sobre el segmento de mercado al que se debe dirigir la idea de negocio; esto es importante para que en lo posible la propuesta presentada se dirija al público indicado desde el inicio.

Herramientas para clasificar a los usuarios

Existen tres variables que son de mucha ayuda para entender y poder clasificar al cliente, esta clasificación es vital para entender adecuadamente sus necesidades.

Variables sociodemográficas: en esta categoría de variables, entran características de las personas como la edad, nacionalidad, estado civil, educación, sexo/género, nivel socioeconómico.

Comportamientos y hábitos: esta variable tiene en cuenta lo que los usuarios hacen, sienten, dicen y hacen; es una descripción de cómo interactúan con su entorno, con el mundo.

Explicación de su comportamiento: esta variable se centra en explicar los motivos de los usuarios para recurrir a un producto o servicio, las expectativas que tienen, sus miedos, las emociones que sienten, y las relaciones que establecen.

Estar abierto al cambio

Seguramente ya han leído o escuchado la eterna recomendación de “no hay que enamorarse de la solución”.

Este refrán, si se le quiere llamar así, habla de que quienes deciden construir nuevos productos o servicios, deben estar dispuestos a reformar, ligeramente o totalmente su idea inicial; es importante estar dispuestos a cambiar por completo el producto que tenemos entre manos para adaptarlo a las necesidades reales de quienes lo usarán y estarán dispuestos a pagar por ello.

Las ideas, o más bien, quienes las conciben, deben estar con una disposición total al cambio, deben poder cambiar de rumbo, ya sea que se trate de cambiar el segmento de clientes o sea el cambiar por completo de idea, de rumbo; el cambio debe convertirse en un hábito, no en un miedo o un obstáculo.